domingo, 20 de septiembre de 2009

LA CARRETA -

LA CARRETA - Victor Domingo Silva

Crujiendo, rechinando, quejándose de todo
se arrastra la carreta por sobre el polvo gris.
Ya ahoga hasta los ejes las ruedas en el lodo,
ya muele con las llantas los granos de maíz.

El campo se abochorna bajo la luz estiva,
las líricas chicharras rasuran su rabel,
i los bueyes de casta mirada pensativa
recogen tornasoles sobre su overa piel.

Miéntras las ruedas trazan dos rayas paralelas
i el mozo carretero masculla cantinelas
i en lluvia de oro caen los granos de maíz,
crujiendo, rechinando, quejándose de todo,
saltando en los guijarros, ahogándose en el lodo,
se arrastra la carreta por sobre el polvo gris.

Revientan las espigas i se desgrana el trigo
a cada tartaleo que la carreta da.
Pasa un pájaro hambriento, i el carretero,-“Amigo,
(le dice) allí usted tiene para un banquete ya!”

Revientan las espigas, se parten las mazorcas
i brillan como esmaltes bajo la luz solar....
Léjos, tras el cercado de látigos i de horcas
revuélcanse las yeguas cansadas de trillar.

¡Cómo brilla la paja de las enormes eras!
Parece un edificio de rubias cabelleras,
áureo vellon de espumas que hace estallar el sol.

I el carretero piensa: “Por Dios! si fuera mío...”
(El infeliz, probando la hartura del estío,
no olvida sus ayunos de pan o de alcohol.)

Miéntras las ruedas trazan dos rayas paralelas,
i el mozo carretero masculla cantinelas
i en lluvia de oro caen los granos de maíz,
crujiendo, rechinando, quejándose de todo,
brincando entre los baches, hundiéndose en el lodo,
se arrastra la carreta por sobre el polvo gris