lunes, 21 de diciembre de 2009

El Ciclo de la Semilla (6.06.1996)

El Ciclo de la Semilla
La contracara de la Vida
La vida y su camino negado.

I. La profecía de todos.

Al engendrarme mis padres,
yo los engendré.

Les di vida, les di su semillita.
Les quité un poco de su muerte.
Murieron menos
porque se prestaron más al nacimiento,
porque vencieron al dolor y
a la náusea.
Yo, uno más entre los venidos a humano
les di vida.
Y por un tiempo fueron dioses
porque se impregnaron de vida que crece
en la novedad.
Confirmaron la vida, sus
propias angustias y deseos.
Por ellos nací y crecí.
A ellos vuelvo, pero
no soy de ellos.
Ellos son míos,
se nota en cómo me miran,
cómo me perdonan y
se adueñan de
mis culpas.

II. El Eterno Retorno.

Bastó un gesto de fuego y un tropiezo enamoradizo.

Ellos se dieron cuenta mucho antes,
mucho antes de que yo lo haga.
Sí.

Se dieron cuenta, y callaron
y se amaron. Bailaron primero.
Y fueron uno.

Se dieron cuenta, súbitamente lo sintieron:
estaban vivos. ¡Son Vida y lo Saben!
¡Con voluntad de respirarse todo el aire, de decirse con los ojos
mil "te amo"s y
un constante "sí", sin titubeos!

Son sin duda, inmortales: brillan como
dos estrellas intermitentes, que desaparecen
para darse un beso, y vuelven para sentirse
cómplices de traicionar al miedo.

Y yo, empecé a ser: pero permanecía como
calor entre sus cuerpos, que se apelmasa,
que los incinera y los calma.
Sólo de a poco comprensí -muchísimo después-
que estba naciendo.

III. Nacer para el Nacido.

No sabía que estaba solo,
o que estaban conmigo.
Y solo no estaba, aunque yo no estaba conmigo.