LA DIETA MEDITERRANEA

La dieta mediterránea es la forma de alimentación que, desde hace varios siglos, mantienen los pueblos de la ribera del mar Mediterráneo.
Aunque el profesor Ancel Keys fue el primero en definirla claramente, ya en textos anteriores se habla de unas costumbres, culinarias y de vida, similares en todos los países de la costa del Mediterráneo.
¿Qué países se benefician de ella? No son sólo los países europeos como España, Francia, Italia, Chipre, Grecia, Portugal, la antigua Yugoslavia, Albania, San Marino, o Mónaco; sino también Marruecos, Túnez, Malta, Libia, Israel, Jordania, Egipto, y Siria. Aunque Portugal no es un país mediterráneo, también se beneficia de las ventajas de la dieta mediterránea a través de la influencia del resto de la Península Ibérica.

¿Qué características tiene?
La dieta mediterránea se ha ido forjando a lo largo del tiempo, y es fruto de la influencia que nos han dejado todos los pueblos que han pasado por estos países: iberos, celtas, griegos, romanos, bárbaros y árabes. Griegos y romanos sentaron las bases de lo que actualmente conocemos como dieta mediterránea con la "trilogía mediterránea"; pan, aceite y vino, presentes desde siempre en nuestra cultura.
Para Homero ser comedor de pan era sinónimo de hombre. Es tos elementos continúan con el cristianismo, para el que pan y vino eran fundamentales. Más tarde la relación con los pueblos germanos incorpora la carne a la alimentación; y por último los árabes introdujeron alimentos nuevos como las berenjenas o las alcachofas, y otros tan importantes para la dieta mediterránea como el arroz o la pasta.
A todo este bagaje cultural hay que añadir el descubrimiento de América, gracias al cual conocemos alimentos tan importantes en la elaboración de gran parte de nuestros platos como la patata, el pimiento o el tomate.
La dieta mediterránea no puede ser única ya que son varios los países que la disfrutan, y por tanto cada uno de ellos aporta sus peculiaridades; pero sí hay una serie de características que son comunes a todas ellas:
  •  Aceite de oliva como principal fuente de grasa.
  • Frugalidad: las cantidades de alimentos eran bajas en relación con la actividad física que era alta, ya que la mayoría de la población desarrollaba actividades agrarias. Actualmente la actividad que desarrollamos es menor y, por tanto, las cantidades de alimentos deben ser más bajas.
  • Consumo alto de alimentos ricos en fibra como frutas, verduras, legumbres y hortalizas; las ensaladas están presentes en todas las comidas, y éstas terminan con fruta como postre, la mayoría de las veces. Se deben tomar legumbres al menos dos veces en semana y al menos tres o cuatro piezas de fruta al día.
  • Preparaciones culinarias cuidadas y sencillas: hervidos, asados.
  • Texturas firmes; fritos, pan, frutas, verduras, frutos secos y hortalizas crudas. El consumo de pan fresco, arroz, y pasta sigue siendo alto; y se va incrementando el de pasta fresca.
  • Pastas y arroces se deben tomar de tres a cuatro veces por semana.
  • Escaso consumo de alimentos proteicos, sobre todo carnes rojas, y más de pescado y aves de corral.
  • Uso de productos como el ajo o la cebolla, y algunas especies y yerbas aromáticas.
  • Gusto por los ácidos; las ensaladas se aliñan generosamente con vinagre y el uso de limones y cítricos en general es muy importante. La naranja figura entre las frutas preferidas por la población.
  • Vino en las comidas principales en cantidades moderadas (unos 150 cc en cada comida).
  • Uso de gran cantidad de productos frescos.

Quizás, en lugar de hablar de dieta únicamente, deberíamos hablar de vida mediterránea, porque no se trata sólo de una forma de alimentarse, sino también de una forma de vida, con costumbres tan saludables como la siesta y trabajos de gran actividad física, con un gasto de alto de energía, como la agricultura.

¿Qué beneficios nos aporta?
Nos protege frente a enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cánceres.
Aunque la dieta mediterránea se viene practicando desde hace mucho tiempo, los beneficios que de ella se derivan se conocen desde hace relativamente pocos años.
En los años sesenta, financiado por la Fundación Reina Guillermina de Los Países Bajos y dirigida por el profesor Ancel Keys, se lleva a cabo el llamado "Estudio de los siete países" (EE UU, Japón, Finlandia, Holanda, Grecia, Italia y la antigua Yugoslavia). El estudió se realizó para intentar relacionar la alimentación con la aparición de enfermedades cardiovasculares. La duración del estudio fue de diez años y sus resultados se presentaron al principio de los años ochenta. En él se puso de manifiesto la gran diferencia que existía entre el número de muertes a causa de enfermedades cardiovasculares en países como EEUU o Finlandia, y otros como Grecia (la isla de Creta era la que salía más beneficiada). Esta diferencia se achacó a la forma de vida y a la alimentación que llevaban los países de la ribera del Mediterráneo. Estudios posteriores han relacionado esta forma de alimentación con la aparición de algunos tipos de cánceres (por ejemplo; el cáncer de mama se relaciona con el consumo excesivo de grasas).

¿Se ha modificado la dieta mediterránea?
Sí, porque también ha cambiado la forma de vida. Ha aumentado de manera importante la incorporación de la mujer al mundo laboral (entre el 40 y el 60% de las mujeres trabajan fuera de casa). Ya no hay tanto tiempo para cocinar, y la compra no se hace a diario; por tanto es mayor el consumo de platos de preparación rápida.                                                  
Ha crecido la población urbana de manera importante, lo que quiere decir que el número de habitantes del campo también ha disminuido.
La industrialización de productos alimentarios ha aumentado mucho, gracias también a las grandes cadenas de distribución. Ésto facilita que sea mayor el número de personas que pueden disfrutar de más alimentos, y en mejores condiciones. Se han perdido en gran medida aquellos alimentos de cuidado primoroso que nos ofrecían nuestros abuelos, pero la dieta es más variada, ha aumentado la higiene alimentaria y disminuido el número de toxiinfecciones a causa de los alimentos.
Todos estos cambios, unidos a la influencia de los medios de comunicación, a la gran capacidad de imitación que tenemos, a la curiosidad que despiertan las cosas nuevas y la facilidad que hay actualmente para viajar e intercambiar conocimientos con otros grupos de población, han hecho que la dieta anglosajona, más rica en grasas de origen animal que la nuestra, se incorpore en gran medida a nuestras costumbres culinarias. No es raro que se confeccionen salsas u otro tipo de platos con alimentos como nata líquida o mantequilla, hasta ahora prácticamente desconocidos en nuestra cocina.

¿Es difícil mantener nuestras buenas costumbres?
No es difícil. Es cuestión de buena disposición y un poco de organización. Algunos platos, como las legumbres, que pueden parecer difíciles de elaborar, se pueden cocinar fácilmente con la ayuda de la olla a presión, o el uso de legumbres previamente remojadas, si es que se nos olvidó ponerlas a remojo la noche anterior. Lo mismo podemos decir de las verduras.
Una de las características de la dieta mediterránea es el gran consumo de alimentos frescos. Actualmente tenemos en el mercado un buen número de verduras y hortalizas ya limpias y troceadas, lista para ser usadas. Esto nos permite la confección rápida de una buena ensalada.
Hoy sabemos que la complementación de legumbres y cereales (judías con arroz, garbanzos con trigo...) o una ensalada completa (lechuga, tomate, zanahoria, huevo, atún...) aliñada con aceite de oliva de primera calidad y acompañada de pan, nos proporciona un plato completo, desde el punto de vista nutricional. Tomar cualquier plato de este tipo, de los que nuestra cocina está llena, y terminar la comida con una o dos piezas de fruta, es fácil y nos da la seguridad de estar bien alimentados. En la actualidad, los trabajos que desempeñamos son muy sedentarios por lo que las cantidades de alimentos que debemos tomar, deben ser menores que las que tomaban nuestros antepasados.

SEMILLAS Y ACEITE DE CHIA: UN VEGETAL CON INCREÍBLES PROPIEDADES PARA LA SALUD


Si no conoces esta semillita es momento de hacerlo, pues es una de las semillas que contienen más propiedades benéficas para la salud. La chía, conocida también como Salvia hispánica, es una planta herbácea de la familia de las lamiáceas, crece anualmente y llega a medir hasta 1 m de altura. Sus hojas opuestas entre si miden entre 4 a 8 cm de ancho, tiene flores hermafroditas de un intenso color púrpura o blanco que se agrupan en ramilletes. Florece en verano, entre julio y agosto, donde las flores dan un fruto con una semillita lustrosa, de color pardo o rojizo, con sorprendentes propiedades alimenticias.


Hace más de 3.500 años, los indios olmecas sudamericanos utilizaban las semillas de chia como alimento sagrado, pero también la usaban a diario como base de su alimentación. Con un pequeño puñado, los guerreros aztecas podían andar sin fatigarse y sin tener que comer durante horas, dada sus propiedades energéticas. Pero, con la llegada de los conquistadores españoles, la chia cayó en el olvido.


La chia es un producto natural y muy sano. Posee selenio que nos ayuda a producir enzimas antioxidantes. También otorga vitalidad y fortalece el organismo gracias al potasio, hierro y calcio. Contiene Omega-3, el ácido graso que el organismo no puede fabricar, y que actúa contra colesterol malo (LDL) y los triglicéridos, y que además interviene en las transmisiones bioquímicas de las neuronas. También contiene Omega-6 y Omega 9.

Aunque es muy energético, no engorda nada. Por ejemplo, 100 gramos de semillas de chia contienen 550 calorías, pero además, contiene:

* Fibra: 100% más que cualquier cereal en hojas.

* Calcio: 500% más que la leche.

* Magnesio: 1400 % más que el brócoli.

* Fósforo: 800% más que la leche entera.

* Omega–3: 700% más que el salmón atlántico.

* Potasio 100% más que el plátano.

* Hierro 200% más que la espinaca.

* Selenio 30% más que el lino.

NUECES


Comer nueces cada día

El propósito sano es comer de seis a siete nueces cada día durante varios meses y comprobar sus efectos positivos en la salud cardiovascular y en el peso
El vínculo saludable reconocido y atribuido a las nueces es su protección del corazón. Aunque son alimentos grasos, como el resto de frutos secos, el tipo de grasa que contienen es rica en ácidos grasos insaturados y mejora los parámetros cardiovasculares (colesterol, salud de las arterias e hipertensión) sin alterar ni el peso ni la composición corporal. El estudio Predimed(Prevención con Dieta Mediterránea) destaca que los frutos secos y el aceite de oliva virgen son los dos alimentos considerados imprescindibles para que una dieta contribuya a la reducción de los factores de riesgo cardiovascular. Al mismo tiempo, se reconoce que comer nueces es positivo en caso de diabetes, ya que la concentración de sustancias bioactivas de las nueces podría proteger contra los procesos de inflamación crónica asociados a la resistencia a la insulina y a la diabetes, e incluso, la capacidad antioxidante de sus componentes protegería frente al Alzheimer.
El consumo frecuente y en su justa medida de frutos secos está asociado con menores tasas de enfermedad arterial coronaria y un mejor perfil de los lípidos plasmáticos (colesterol, triglicéridos), sin afectar al peso ni a la composición corporal, aunque sean alimentos muy energéticos y grasos. Además, estudios recientes apuntan al papel protector de los componentes antioxidantes de las nueces en la prevención del Alzheimer como enfermedad degenerativa.

Un mes a prueba

Comer cada día, durante tres meses, de 30 a 35 gramos de nueces es beneficioso para la salud
Ante todos estos beneficios para la salud humana, Eroski Consumer propone a los lectores ponerse a prueba y comprobar los efectos del consumo regular de nueces. Antes de comenzar, interesa conocer el estado nutricional individual, para lo que es preciso hacerse un análisis de sangre sencillo en el que se evalúen los niveles de lípidos plasmáticos (colesterol total, LDL colesterol, HDL colesterol, triglicéridos) y glucosa, entre otros, y conocer el peso y el porcentaje de grasa corporal. Determinadas farmacias disponen del servicio rápido de análisis de sangre y de una máquina de control de peso y análisis de la composición corporal, suficiente para iniciar la prueba.
La propuesta de Eroski Consumer consiste en comer cada día, durante tres meses, de 30 a 35 gramos de nueces (6 o 7 unidades sin cáscara). Este puede ser el momento idóneo para comenzar a hacer cambios positivos de los malos hábitos alimentarios, al tiempo que se introduce un alimento con propiedades nutritivas y saludables muy interesantes. Para ello, el primer paso es revisar la dieta e incluir un puñado de nueces a cambio de prescindir de otro alimento graso que se coma de forma habitual en la dieta diaria. Las nueces son el sustituto perfecto de la mantequilla o la margarina del desayuno, del queso de untar o el trozo que se ingiere después de comer o cenar, del embutido o el paté de almuerzos o meriendas y hasta de las patatas fritas de aperitivo.

Siete ideas para comer nueces a diario

  1. Acompañar el desayuno con nueces: el pan, el muesli, los cereales, el queso fresco o el requesón.
  2. Añadirlas a las ensaladas, como la de lechugas variadas con queso fresco, nueces y naranjas, o la de escarola con mejillones, granada y nueces.
  3. Aderezar con nueces picadas los platos de arrozpasta, cuscús y lentejas, entre otros.
  4. Incluirlas en recetas de segundos platos, como guisos de pollo, cordero, ternera, pescado al horno o relleno.
  5. Mezclar las nueces con lácteos como la cuajada, el yogur o el queso fresco.
  6. Tomar un puñado de nueces entre horas a modo de aperitivo, como parte del almuerzo o de la merienda.
  7. Preparar en ocasiones especiales y extraordinarias dulces que incluyan nueces: pan de nueces y pasas con miel, bizcocho, compota de manzana y pera con nueces.

Comer nueces no engorda

Hay quien cree que comer nueces, como frutos secos y alimentos energéticos y grasos que son, puede suponer ganar peso, una razón por la cual no se consumen a diario o con la frecuencia deseada. Ante esta circunstancia, son numerosos los estudios científicos que han probado si la ingesta diaria de una cantidad determinada de nueces incidiría en el peso y en la composición corporal de los consumidores habituales. Los estudios epidemiológicos muestran una relación inversa entre la frecuencia del consumo de nueces y el índice de masa corporal.
En España, los resultados que corroboran tal información derivan del estudio Predimed, que ha comprobado que tras la ingesta de una cantidad moderada de frutos secos no se registraron aumentos de peso entre los sujetos. En función de estos datos, se puede concluir que el consumo diario de 30 o 35 gramos de frutos secos no tiene influencia negativa en el peso corporal total, pese al aporte extra de calorías a la dieta que suponen. En los casos en los que se ha ganado peso, este ha sido mucho menor de lo esperado y poco o nada significativo.

ALZHEIMER: LAS NUECES PROTEGEN

Un resultado esperanzador procede de la investigación realizada por el Departamento de Neuroquímica del Instituto de Investigación Básica en Discapacidades del Desarrollo del Estado de Nueva York. En ella se comprueban los efectos protectores del extracto de nuez contra la muerte celular inducida del péptido beta-amiloide (Aß) y el estrés oxidativo celular. Este péptido es el principal componente de las placas seniles y los depósitos de amiloide cerebrovascular en personas con enfermedad de Alzheimer. Se sabe que este componente aumenta la producción de radicales libres en las células neuronales, lo cual da lugar a estrés oxidativo y muerte celular.
En los últimos años, la atención investigadora se ha centrado en evaluar cómo distintos antioxidantes son capaces de inactivar especies reactivas del oxígeno y proteger contra el estrés oxidativo. Las nueces son ricas en componentes que tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Los resultados del estudio americano sugieren que el extracto de nuez puede contrarrestar la muerte celular del péptido beta-amiloide inducida por el estrés oxidativo. De ahí que el consejo de comer nueces a diario es sencillo de trasmitir y fácil de llevar a cabo como un hábito alimenticio saludable, barato y sin efectos secundarios, pero sí con grandes beneficios para la salud.

El virus del herpes activa la respuesta inmune del organismo en lugar de bloquearla

MADRID, 1 Mar. (EUROPA PRESS) -
Un estudio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha detectado un nuevo mecanismo del virus del herpes simple (HSV, por sus siglas en inglés) para manipular la respuesta inmune del organismo. Han observado que activa la respuesta inmune del organismo en lugar de bloquearla.
Las conclusiones de la investigación, publicadas en la revista 'PLoS Pathogens', según señalan, son "totalmente inesperadas", que en lugar de intentar bloquear a las defensas, este virus favorece la migración de los leucocitos a los lugares donde se ha producido la infección. Según los autores del estudio, podría ser una estrategia del virus para dispersarse por el organismo.
Los resultados de la investigación cuestionan los modelos actuales de evasión inmune e indican que "aún queda mucho por estudiar sobre la modulación del sistema inmune a cargo de los virus y, por ende, sobre las funciones del propio sistema inmune", afirma Abel Viejo, primer autor del artículo e investigador del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.
Lo que viene a partir de este descubrimiento es lo "más complicado", según Viejo, ya que se trata de desvelar la finalidad de este mecanismo. Los experimentos se han realizado mediante cultivos celulares en el laboratorio, así como con modelos de inflamación en ratones.
Este tipo de herpes es uno de los virus más prevalentes en humanos y causa diversas patologías, que van desde pústulas labiales o genitales hasta la encefalitis o la ceguera herpéticas. La relación del HSV con el sistema inmune es un factor determinante en la aparición de una patología u otra. Los resultados de este trabajo permitirán entender mejor el comportamiento del virus y servirán para diseñar nuevas estrategias para combatir su infección.
"Durante millones de años los virus han evolucionado junto al sistema inmune de sus hospedadores lo que les convierte en grandes expertos en inmunología. El estudio de los mecanismos que utilizan los virus para evadir las defensas del hospedador aporta conocimiento sobre la relación virus-huésped y nos permite ahondar en el conocimiento de nuestro propio sistema inmune", explica Antonio Alcamí, investigador del CSIC, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid.
Las quimioquinas son proteínas que regulan la migración de los leucocitos, células encargadas de la defensa frente a patógenos, a los sitios de infección. "Algunos virus expresan proteínas de unión a quimioquinas que inhiben su función e impiden la migración de los leucocitos al sitio de infección (proceso conocido como quimiotaxis). De esta manera permiten la evasión del sistema inmune", añade el investigador.
Sin embargo, la inhibición de la quimiotaxis no es siempre la vía elegida por los virus para engañar al sistema inmune. Según este trabajo, un componente del virus de este tipo, la glicoproteína G, es capaz de unirse a quimioquinas y potenciar su función, incrementando la migración de los leucocitos. "Los resultados demuestran que la glicoproteína G de HSV aumenta la señalización intracelular mediada por las quimioquinas. Esto da lugar a una mayor direccionalidad y velocidad de migración de los leucocitos", comenta Alcamí.