domingo, 13 de septiembre de 2009

Excusas del Escribir, b

Pretextos son muchos, postergaciones bien fundadas. Casi irrefutables. Cualquier cosa cont al de no escribir. El único camino que he encontrado para desligarme de esta parálisis de palabras mojadas en tinta café, es someterme a esos pretextos, conseguir alinear mi mano, la hoja, y la sofisticación que he adquirido para disculparme ante aquella parte de mí mismo que muere por crear historias que alguien pueda leer en una clase, una calle, algún carnaval de los miles qeu nos llaman cada año, o por supuesto en el baño, sosteniendo una hermosa copia pirata.
Mis pretextos son prolegómenos (=
Preparación, introducción excesiva o innecesaria de algo) que intentan disuadirme para mantener cualquier notoriedad o acto extraordinario sólo como efímero relato en mi cabeza. Parecería prudente entonces, escribir sobre aquello que justamente no busque ni titulares ni vistocidad.
Cuando pienso  en pretextos, los veo en una abultada y sinuosa línea, con ansias de ser una lista de excusas que colaboran subreptíciamente (=
Que se hace o toma ocultamente y a escondidas) para evitar que tiña papeles o desparrame conceptos sin ímpetu de decir qué hacer con lo dicho.
Termino lo que estoy queriendo comentar. Mi lista expandida de pretextos para no escribir. No escribo porque:
· Espero que sea un ritual a mano, con tinta café, sólo aquella que yo compré y se volvió añeja de tanto impacientemente esperarme.
· Tiene que ser hecho en un tiempo exclusivo para escribir, porque la inspiración parece ser un acto que es en solitario, como un escape. Necesito de mcuhos o de unos cuantos seres decatendes que me obliguen a huir, y refugiarme en palabras prestadas, con ansias de reconocerme en ellas. Tal vez llegar a expiar (=
Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio) incompletudes e inconstancias en mi memoria.
· Aquellas frases que tengo en mi cabeza no las plasmo en ningún papel, entonces se desvanecen y me quedo frustrado y adolorido por haberlas creado y también por haberlas dejado morir en el silencio, en soledad.
·Espero que sea un acto prolijo y de exhibicionismo. Prolijidad en las formas y en la claridad de las expresiones que contienen los conceptos que deseo transponer (=
Poner a alguien o algo más allá, en lugar diferente del que ocupaba) de mi mente al papel. El exhibicionismo radica en esperar  tácitamente, como quien pinta un cuadro en una plaza pública, el reconocimiento del resto de la humanidad. Alabanzas, premios, títulos, honores y honorarios, que devienen (=Sobrevenir, suceder, acaecer) como un efecto deseado, aunque oculto por falsas pretenciones de humildad y benevolencia (=Simpatía y buena voluntad hacia las personas).
· Sobre la proligidad, hay más todavía que decir. Jodido sobrevivir al equívoco (=
Que puede entenderse o interpretarse en varios sentidos, o dar ocasión a juicios diversos), al cambio de palabras o la despalabra, especialemente a sus formas más bruscas como son los tachones, el peso de la mala ortografía, la falta de vocabulario, y a veces a la carencia de palabras exuberantes (=Muy abundante y copioso) o ideas que se precien autocalificarse de "creativas". Creo que todavía me cuesta sobrevivir a la palabra tachada, o a la letra desprolija o ininteligible (=no inteligible= que se oye clara y distintamente). La escuela me infundió(=Causar en el ánimo un impulso moral o afectivo) más respeto a la caligrafía que al emparentar ideas. Por suerte, disfruto faltar el respeto a las reglas que no me hacen ni mejor ni peor de lo que soy -esto último, me anima cada vez más a concentrar mi caligrafía en ser legible más que prolijo. Todavía trabajo en ello.
· Otro motivo para detener mis ganas de escribir, es el miedo a ser leído. Las consecuencias de ser leído. Qué pasa si no me entienden? Si los genios, con todas sus genialidades fueron no entendidos, qué quedará para los mediocres que se desahogan con plumafuentes como yo? Me cuesta trabajo pensar en las consecuencias que tiene sobre mi cuerpo y mis conceptos, la posibilidad de ser anudado y anclado a corrientes que se alejan del destino que yo quiero forjar para mis palabras, más aún para las acciones implicadas en ellas.

Ahora, un poco de razones para dejar de escribir. El listado, deben serberlo, es corto, tieso. La prolijidad no entra aquí a jugar papel alguno. No escribiría por una de las siguientes razones:
· O estoy muerto, o creo estarlo, actuando como si este fuera el caso.
· No poder salir de mí, o de dondesea que "mí" se encuentre.