lunes, 21 de diciembre de 2009

Con fusión mía (27.04.1996)

No puedo decir que te prefiero "provisoria",
desearía que estés pero
que tomes forma, no sé de qué.
¿Si pudieras convertirte en libertad? Qué máxima.
Pero por favor no te mueras,
dejame el "posible", la duda, un sendero.
Si tornas todo "libertad",
pensaré que el rótulo lo es todo;
haré cosas en nombre de ella
que no podría ubicarlas junto a otras
libertades (las de los demás, las del todos juntos)
¿Y si te unes al silencio? Es bueno saber
callar cuando las palabras se chocan
entre sí; la "pausa" es sana.
Yo no quiero tu silencio absoluto,
no quiero que olvides lo que la confusión
de unos cuantos divaga hasta creer ser certeza,
y mata, asesina, a todo lo que a ellos les da miedo.
Busca tú los ejemplos... a no imitar, claro.
No quiero que tu silencio se crea prudente
al callar una denuncia,
al fingir que el hambre, el odio y el vacío
no son de su mundo (nuestro mundo).
Y ante todo no quiero que endiosen tu silencio,
que pinten problemas contundentes
de un solo color.
Ahora te entiendo más...
Nada está quito, ni siquiera anulando el movimiento.
La bastedad de matices de la realidad está ahí,
aquí, allá y más allá de acá. "Está",
aunque predomine el blanco y el verde, el
claro fácil y el estiércol manoseado.
Lo certero, confusión, sería que me abraces
sin relegar mis ideas y mis ansias de más
ideas; que no me invoques como yo te invocaría:
como un signo reverente, no por sí solo, de
transformación concreta, y sutil.