EL AUTOCIRUJANO



Leonid Rogozov (14 de marzo de 1934 - 21 de septiembre de 2000) fue un médico soviético graduado el año 1959 en el Instituto de Pediatría Médica de Leningrado quien, habiendo comenzado los estudios de cirugía, los cuales tuvo que interrumpir al año siguiente para formar parte de la Sexta Expedición Antártica soviética, ejerció su profesión desde su llegada a la base novolazarevskaya en donde convivió junto con otros trece investigadores dedicados al estudio de la zona.

Todo transcurría sin sobresaltos hasta el 29 de abril de 1961, cuando Leonid comenzó a tener fiebre moderada, debilidad general, náuseas y, más tarde, dolor en el abdomen. El tratamiento que se administró no le sirvió de ayuda y al día siguiente se autodiagnosticó una apendicitis aguda que había derivado en peritonitis. Su estado general empeoró esa misma noche.


La estación soviética más próxima, MIRNY se encontraba a más de 1.500 Km. de distancia; en las bases internacionales más próximas no había ningún avión en el que pudiera ser evacuado y las condiciones climatológicas impedían la llegada de ningún otro. Dada la gravedad del caso, que podía llevarle a la muerte, Rogozov decidió operarse a sí mismo con la ayuda de un conductor y un meteorólogo que le proporcionaba los instrumentos precisos y le sostenía un espejo en el que poder ver las partes que su vista no alcanzaba.

La intervención comenzó a las 22:00 h. del día 30 de abril. Después de anestesiarse localmente la zona afectada con Novocaina, Rogozov se hizo una incisión de entre 10 y 12 cm. que le permitiera el acceso al apéndice. La debilidad y las náuseas le obligaban a realizar breves pero numerosas pausas, pero, por fin, consigue cortar y extraer la parte enferma que ya presentaba una perforación de 2 x 2 cm. Tras administrarse antibióticos directamente en la cavidad peritoneal, procedió a suturarse, terminando la operación dos horas después de su inicio.

Después de un breve periodo de debilidad, los síntomas de la peritonitis fueron desapareciendo, la temperatura corporal volvió a la normalidad y, siete días después, se quitó los puntos. A las dos semanas, se había restablecido por completo.

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EL RESCATE DE KIKI, HAITI

Ocho días atrapado bajo el peso de mil escombros, sin luz, sin agua, sin nada que llevarse a la boca. Ocho días sin ver a su madre y su familia. Ojos hundidos por la deshidratación. No hay lágrimas porque los más pequeños siempre guardan la esperanza. No hay dolor porque la vida es todavía un juego para ellos. Por eso, cuando se hace la luz, cuando se acaba la pesadilla,… siempre hay una impresionante sonrisa. Kiki ha vuelto y viene para terminar el juego…

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POR QUE SE DEBEN TOMAR CADA 8 HORAS LOS ANTIBIOTICOS?



los antibióticos se deben tomar según prescribe el médico o según consta en el prospecto. Cierto es que lo más habitual es tomarlos cada 8 horas, pero también hay antibióticos que se deben tomar cada 12 horas, e incluso cada 24 horas.

Sea cual sea el caso, es muy importante seguir la pauta marcada para que el antibiótico funcione correctamente.

¿Y por qué esto es así?

Cada toma contiene una determinada cantidad de principio activo. Al tomarla, éste pasa a la sangre y fluye por todo el organismo. Cuando el organismo empieza a eliminarlo a través de los riñones o el hígado, la concentración disminuye. Antes de que la cantidad de antibiótico en sangre sea insuficiente es necesaria una nueva toma.

Pero no es tan sencillo como esto, si se retrasa mucho la toma puede no bastar una nueva ingesta. Veamos:

Para que un antibiótico haga efecto, debe llegar a la parte del cuerpo donde se localiza la infección en cantidad suficiente y de forma continuada. Eso se logra en el llamado estado de equilibrio estacionario, es decir, cuando la cantidad de fármaco que entra al organismo es igual a la cantidad que sale y se mantiene una concentración constante en sangre.

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Via sabercurioso.com

LA DIFERENCIA ENTRE LO CORRECTO Y LO JUSTO

Dos jueces se encuentran frente a frente a la salida de un hotel. Curiosamente cada uno de ellos iba acompañado por la mujer del otro.

Tras el primer momento de sorpresa, uno de ellos rompe el incómodo silencio. Educadamente dice: Vista la peculiar situación en la que nos encontramos, yo creo que lo CORRECTO es que cada uno de nosotros se vaya con su mujer a su casa ¿no cree?

A lo que responde el otro, también muy educadamente: Estoy de acuerdo con usted en que eso sería lo CORRECTO, pero no creo que fuera lo JUSTO, porque usted está saliendo del hotel y yo estoy entrando. Tenga la bondad de esperar aquí hasta que le reintegre a su esposa. Y entonces cada uno de nosotros se podrá ir con su mujer a su casa.