Sólo recientemente el agua se ha convertido en un tema preocupante en el mundo desarrollado. Y por supuesto que no es nada nuevo en los países del tercer mundo, mal llamados “en desarrollo”. Durante toda la historia de la humanidad, el abastecimiento del vital líquido es lo que ha permitido la proliferación de la sociedad. Hay sitios donde hay agua en abundancia, pero no tiene la suficiente pureza como para el consumo humano, lo que provoca enfermedades y una cantidad considerable de muertes; en otros lugares, no hay agua en lo absoluto.
Un informe de 2006 de las Naciones Unidas estimaba que sólo el 20 porciento de la población mundial tiene acceso directo al agua potable. Lo que lleva a la cuestión, si la necesitamos tanto ¿por qué no podemos fabricarla?
El agua está formada por dos átomos e hidrógeno unidos a un átomo de oxigeno. Esto es química elemental y estoy bastante seguro que ya la conoces. Así que, ¿por qué no simplemente hacemos que dichos átomos choquen entre si y con ello resolver el problema de la escases mundial de agua? En teoría, esto es posible, pero es un proceso extremadamente peligroso.
Como ya sabes, para crear agua necesitamos la materia prima, hidrógeno y oxigeno. El simple hecho de ponerlos juntos no sirve de nada. Los átomos de ambos seguirían separados… juntos, pero no revueltos. Las órbitas de los dos elementos deben enlazarse. Esto se logra con una explosión; una descarga repentina de energía que logre unirlos. Dado que el hidrogeno es altamente inflamable y el oxigeno mantiene la combustión, no se necesita más que una simple chispa… y ¡BUM! Tenemos agua, pero también tenemos una explosión.
El dirigible nefasto, el Hindenburg estaba lleno de hidrógeno para mantenerse flotando al acercarse a Nueva Jersey el 6 de mayo de 1937, después de un viaje trasatlántico. La electricidad estática (o un acto de sabotaje según los conspiranoicos) causo una chispa que, combinada con el oxígeno del aire, provocó que estallara en esa gran bola de fuego que hemos visto en los documentos históricos. La nave se consumió en medio minuto. Hubo, sin embargo, también una gran cantidad de agua creada por esta explosión.



Frente a los 6000 “lobistas” registrados, y los poco más de 70mil que se estiman no registrados en Washington y otras capitales de Estado en USA, el senador Murtha fue uno de los más exitosos. Bueno, no él, su “equipo”. Con Murtha a la cabeza, se especializaron en captar fondos federales y canalizarlos sólo hacia su estado (pork-barrel politics le llaman en USA). Dejó un rastro de “coimas” (entre paréntesis porque aparecieron disfrazadas de otras cosas) a diestra y siniestra. Se murió antes de que lo metan preso, por sus vínculos con la firma de lobo-lobistas “PMA” (http://bit.ly/dfuSt0), especializada en conseguir contratos en defensa militar. Nada raro entonces que entre los mayores contribuyentes a los fondos de campaña del Senador requetereelegido, estén las empresas que fabrican armamento y tecnología militar con base en Pennsylvania.
Más que una situación ejemplar para la democracia robusta, lo del Senador Murtha es un paradigma de lo que pasa cuando alguien adquiere demasiado poder y lo concentra, y opera impunemente durante 19 períodos ininterrumpidos como legislador y hombre-lobby desde adentro. Miren y lean: http://bit.ly/cpkbMj